marzo 18, 2011

Pantanos de rosas y gaviotas

Si Eva Almunia y Luisa Fernanda Rudi debatieran sobre materia hidráulica, posiblemente asistiéramos a una tertulia bastante aburrida, pues sería difícil encontrar diferencias relevantes en los contenidos de sus respectivos programas. Quizás se echaran en cara plazos de ejecución, partidas presupuestarias, pero el encuentro sólo sería una disputa entre dos rivales que ofrecen lo mismo: pantanos.

Sin embargo, pasando a la movilización, a la reivindicación de los afectados por grandes embalses, es curiosa la preferencia que algunos sectores siguen mostrando por evitar la abierta confrontación con el PSOE. Parece que algunos compañeros y amigos de beligerancia no se han enterado todavía de que el cambio de partido en la Moncloa sólo fue un malabarismo según el cual quedaba arrinconado el trasvase del Ebro pero se mantenían intactos los motores que lo alentaban, que son esas reservas de agua en los afluentes con las cuales se pretende ampliar regadío y ganar en calidad de agua para la Zaragoza de aquella Expo azulísima y principesca que pronto degeneró a chapuza eco-financiera sin que ningún colectivo -que todavía se califica como ecologista- reconozca el error de haberla apoyado.

Nunca he oído al PSOE (con o sin socio de gobierno) renunciar a viejas políticas hidráulicas. Tiene más modales de los que mostraron las huestes de Aznar, Matas y Cañete en aquel Plan Hidrológico Nacional de paseos militares y derroche de testosterona, pero no nos engañemos: el PSOE también quiere inundar, ganar votos en los territorios con urnas de mayor aforo, sacrificar a los montañeses para beneficio de pueblos del llano. Pero, como decía líneas más arriba, los de la flor gastan mejores maneras y despliegan con habilidad y profusión sus consensos y canales de participación… Con sus galanterías y exquisiteces distraen a los ecologistas más manipulables, los llevan a su pesebre y les distancian de lo que siempre debería ser el norte: proteger el medio ambiente, denunciar abusos contra el mismo y alertar a la sociedad de quiénes son y dónde están los enemigos, independientemente de las siglas bajo las que se amparen.

Me gustaría recordar que el objetivo del movimiento ecologista no es defender a ningún partido político, sino contribuir a proteger la naturaleza y, por añadidura, aportar a la sociedad argumentos para una convivencia más ética y razonable en un mundo donde realidades como el cambio climático son mucho más trascendentes que cualquier mandato o candidatura electoral. Y es que, si nos quieren destrozar paisajes, historia y economía con más pantanos… ¿qué importa que vayan decorados con rosas o con gaviotas?

Victoria Trigo Bello
Escritora

1 comentario:

Anónimo dijo...

Efectivamente, lo importante en este caso no es la forma, sino el fondo