septiembre 12, 2008

En Borobia

Por José Luis Trasobares

En Borobia ( El Periódico de Aragón - 12/09/2008 )

Hay un lugar en España donde concejales que no comulgan con cierto proyecto son amenazados mediante llamadas telefónicas a sus domicilios, donde a los integrantes de candidaturas que no son de la cuerda les queman los coches, donde un alcalde que decía blanco ha acabado diciendo negro y donde el chantaje y la manipulación política están alcanzando cotas impensables en un sistema democrático. Y no, en este caso no estoy refiriéndome a cualquier localidad de Euskadi, sino a un pueblo de Soria llamado Borobia, donde se pretende desde hace tiempo instalar una mina de magnesitas a cielo abierto; una mina que afectaría muy seriamente al nacimiento del río Manubles y a toda una zona de alta montaña cuyos recursos hídricos son esenciales para Castilla-León y Aragón.

Las amenazas, la quema de coches y el cambio de chaqueta del alcalde ya se han producido. El proyecto para hacer la mina sigue adelante por encima de cualquier tipo de oposición popular. Ahora está en manos de una empresa navarra que en su día quiso extraer magnesitas en el valle del Baztán, pero allí, claro, les dijeron que nones, que el paisaje, la naturaleza y el agua son un recurso mucho más valioso que las dichosas magnesitas. Así, como suele ocurrir en España, lo que no quieren las comunidades que están más a lo suyo acaba aterrizando en territorios más profundos y estructuralmente ignorantes, donde todavía cuelan ciertas instalaciones de gran impacto ambiental.

Mientras treinta municipios (la mayoría aragoneses) intentan oponerse a la mina a cielo abierto, el alcalde de Borobia (recién convertido) advierte que dicha explotación podrá gustar o no, "pero es la única posibilidad de desarrollo que se le ofrece a nuestro pueblo". Les suena el argumento, ¿verdad? Y al tiempo, los que siguen oponiéndose (aglutinados en torno al grupo Tierra Comunera) son intimidados en plan borroka. Bien se ve lo triste y lo duro que es formar parte de la España rural y lejana; esa España que sólo existe cuando toca colocar las mierdas y los encules que nadie quiere.

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